sábado, 26 de septiembre de 2015

Por amor


Por amor uno mata, dicen.
Pero no especifican exactamente a quién.
Y es que por amor uno mata, enloquece, desgarra;
se mata, se enloquece, se desgarra. 

Por amor uno pierde la cordura,
olvida el sentido de la vida,
porque la vida en si misma es sentir.

Por amor uno quema hasta el último cartucho antes de acabar la guerra,
aunque ya no quede nadie vivo,
aunque la ciudad entera esté en llamas. 

Por amor las montañas se arrodillan ante la inmensidad del cielo,
la arena se deja arrastrar por las grandes olas,
la Luna deja paso al Sol.

Por amor las palabras forman versos,
los versos poesía,
y la poesía...
es amor.




martes, 25 de agosto de 2015

Conclusiones



Llevo un tiempo pensando en la vida, en mi vida, y he llegado a la conclusión de que no hay conclusiones que valgan. La vida es un camino, un progreso, una lucha constante, y la claridad de hoy se puede convertir en la duda del mañana. 

Diciendo esto no pretendo dar lecciones a nadie, ni siquiera a mí misma, y mucho menos otorgarme unas palabras más que usadas a estas alturas de la historia de la humanidad. Solo intento reafirmar una verdad que ya sé, que todo el mundo sabe, pero que a veces, por razones inherentes a una condición que nos impulsa al círculo de "aprender-desaprender", se nos olvida.

Cuando miras atrás en el tiempo te das cuenta de que todo lo que pasó tenía su razón de ser, y que del mismo modo verás las cosas en el futuro aunque ahora seas incapaz de aceptarlas. Que lo que fue, fue porque así tenía que ser, y que lo que no fue, por algo sería. 
El reloj te da la perspectiva necesaria para entender cada una de las decisiones que tomas en la vida, y aunque a veces parezca que hay ciertos recuerdos que se te escapan de las manos, si te enfocas en la dirección adecuada acabarás encontrando una respuesta.  Quizá fue un error, quizá deberías haber tomado aquel otro camino, quizá si hubieras hecho eso o aquello otro todo hubiera sido extremadamente diferente. Pero, ¿eso qué más da? El pasado ya no se puede cambiar.

Yo no creo en las casualidades, pero tampoco creo que exista un destino que nos marque el camino a seguir. Creo que cada uno decide qué tipo de vida quiere vivir, y no me refiero precisamente a la parte material de la vida; hablo de la forma de vivirla. Quizá aún soy joven para saber de qué va todo esto de la existencia, pero lo que sí sé es que un día estás dentro del pozo con el agua hasta la garganta y al día siguiente te encuentras fuera de él; que lleva el mismo trabajo ser pesimista que optimista, y sólo tú decides con qué cara de la moneda te vas a quedar. Que el pasado es el que es, y por más que llores, grites y te obceques ya no cambia; lo único que puede cambiar es el futuro. Todo depende de ti. El futuro es relativo, la vida es relativa, las conclusiones son relativas; lo único que no cambia es el pasado. Así que puedes hacer caso de lo que te estoy diciendo o puedes inventarte tu propia filosofía de vida. Pero hagas lo que hagas, recuerda que el único tiempo en el que tienes poder es el ahora. El presente es el que posee los cimientos de tu vida. Y al final, tus decisiones, acertadas o no, serán las que la construyan.



domingo, 23 de agosto de 2015

Soy yo otra vez


Mentiría si dijera que he vuelto, que tengo la intención de escribir cada cierto tiempo; mentiría incluso si dijera que entiendo el motivo por el cual una noche de verano decidí ponerme a hurgar en el cajón de los recuerdos y reavivar las cenizas esparcidas de un blog abandonado que abrí a los 14 años. Lo único que sé es que me apeteció pasarme a saludar, contar un poco cómo estaba sin necesidad de establecer contratos de permanencia; no sé si esto es un "hola, vengo a quedarme" o un "solo pasaba por aquí".
La cuestión es que cuando leí las palabras plasmadas en este blog, escritas por la niña de 14 años que un día fui, no pude evitar sentir una mezcla de nostalgia y vergüenza por el modo en qué abría en canal mis sentimientos sin miedo alguno, en aquellos tiempos de búsqueda interior en los que expresarme sin filtros era el único modo que tenía de agarrarme a la realidad. Podría abrir un blog nuevo, o podría incluso no abrir ninguno y seguir guardándome mis textos para la intimidad de mi ordenador; pero lo que me apetece ahora es compartirlos con el mundo, y qué mejor sitio para hacerlo que el lugar en el que di mis primeros tumbos como escritora. 

He cambiado mucho en estos tres años, y no han sido fáciles. Han sido años de caerse, levantarse, volverse a caer y volverse a levantar aunque fuera a rastras. Años de evolución, no solo personal, sino también en el ámbito de la escritura; he escrito un libro, y lo he publicado. Meses de experiencias nuevas que jamás pensé que iba a vivir, de personas nuevas que pasaron, pisaron, y dejaron la huella, la marca y hasta un trozo de la suela del zapato. 
Lecciones, vivencias, sentimientos, momentos muy buenos, momentos muy malos; y todos valieron la pena porque a día de hoy constituyen la persona que soy, de la cual me siento completamente orgullosa. Si me arrepiento de algo, tan solo es de no haber confiado en mí lo suficiente en algunas ocasiones, de no haber creído que podría seguir adelante. Porque incluso cuando era incapaz de verlo, estaba claro que podía. Y pude.
Supongo que madurar consiste en ir poniéndote esas pequeñas corazas semipermeables que te inmunizan de las cosas que te hacen daño, pero que al mismo tiempo dejan pasar aquellas que te hacen feliz. Madurar es progresar, y para bien o para mal, todo lo que nos pasa nos empuja hacia un nuevo lugar. Sigo buscándome, pero ya tengo la certeza de que me estoy encontrando. Y esta paz que emana de mi interior cuando me quedo sola con mis pensamientos, que ya no me atormenta con respuestas que no sé encontrar, no tiene precio.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

No permitas que te hundan



Los adultos creen saber lo que es importante y lo que no. Dicen que hay que bajar de las nubes y vivir en la realidad, que los sueños son de niños. Sin embargo, son los adultos los que provocan las guerras, los que dejan que seres humanos pasen hambre y frío en la calle, los que permiten la corrupción, las injusticias. Quizá tengan razón los adultos, al decir que soñar es cosa de niños. Si ellos hubieran aprendido a soñar, no les gustaría tanto el lugar que han creado, y no dejarían que el mundo se hundiera en toda esta mierda a la que llaman realidad.‏


domingo, 1 de septiembre de 2013